Una gracia en el corazón de los equipos de Nuestra Señora
Fr. Augusto Garcia, Consejero espiritual – ERI

Uno de los rasgos fundamentales que identifica y a su vez expresa la unidad del Movimiento de los Equipos de Nuestra Señora en todas las regiones es el acompañamiento de los sacerdotes – Consiliario Espiritual – o de un Acompañante Espiritual en cada equipo. Su presencia las parejas la aprecian, agradecen y algunas hasta la consideran un privilegio ante la realidad de la creciente falta de sacerdotes en algunas regiones. Pero debemos preguntar si todas conocen por qué su presencia es fundamental en el equipo, puede que para algunas sea simplemente funcional, importante si, por su preparación y estudios, pero no necesaria ante la dificultad para invitar un sacerdote. Esta última situación en la cultura actual puede tentarnos de razonar de un modo funcional, es decir, como si el camino que nos queda sea darle una respuesta cuyo único criterio sea el de la eficacia humana que conscientes o no, reduce el Movimiento a una institución sociológica y nos oculta la presencia vivificante del carisma y de los dones concedidos por el Espíritu Santo.

Es por esto que considero oportuno recordar que, a lo largo de su historia, desde las primeras reuniones en 1939 y en los documentos esenciales del Movimiento, la referencia del sacerdote ha sido una característica fundamental de los Equipos. La Carta en 1949, dice que: “Cada equipo debe contar con el apoyo de un sacerdote”. El documento del ERI sobre El Sacerdote Consiliario (1993) indica: “El Movimiento siempre ha buscado sacerdotes para que sean consiliarios de los equipos. Tal es su tradición bien fundamentada. Esta es su voluntad firme”. La Guía de los ENS de 2001, aun advirtiendo la dificultad de los equipos para encontrar sacerdotes Consiliarios, vuelve a confirmar esta voluntad cuando dice: “Cada equipo debe asegurar la participación de un sacerdote…”. Y finalmente, Los Estatutos Canónicos del Movimiento (2002), revisados en 2014, se refieren a estos diciendo: “Compuesto de cinco a siete hogares, (el equipo) es asistido por un sacerdote “Consiliario espiritual”.

El argumento de la “tradición y voluntad firme” del Movimiento en mantener la presencia del sacerdote como rasgo fundamental es evidentemente muy válido. Pero, leyendo el documento de “El Sacerdote Consiliario y el Acompañante Espiritual” del ERI (2017), quisiera insistir e invitarlos a reflexionar que este argumento de la tradición tiene su fundamento en la realidad eclesial vivida en cada equipo del mutuo enriquecimiento de los sacramentos del orden sacerdotal y del matrimonio. Ambos sacramentos se complementan mutuamente para dar vida a la Iglesia. Que en ambos casos de trata de una alianza. Esta fue la intuición del Padre Caffarel, cuando en la oración del equipo una de las mujeres le dijo a Dios: “Señor, te damos gracias por el matrimonio de nuestros dos sacramentos, el sacerdocio y el matrimonio”. Ante la cual el P. Caffarel, en su intuición de fundador iluminado por el Espíritu, no duda de su profundidad y concluye con su propia reflexión: “Pienso que pertenece a aquel dinamismo de los principios, la Alianza del Sacerdote que representa la Iglesia… y de los matrimonios que aportan sus riquezas, …” (El Carisma Fundacional – 1987). Aquí está la fuente espiritual y teológica que hace de la presencia del Sacerdote Consiliario un rasgo esencial en el carisma de los Equipos de Nuestra Señora.

En la teología de los sacramentos de las últimas décadas, principalmente desde el Pontificado de San Juan Pablo II, se ha venido reflexionado sobre la relación del sacramento del matrimonio con los otros sacramentos y particularmente con el sacramento del orden sacerdotal. Por tanto, con el interés de que profundicemos teológicamente en la razón de la estructura institucional del Movimiento, quisiera que leyéramos juntos lo que escribe el cardenal Marc Ouellet que, apoyándose en el principio actual de que “toda la estructura sacramental de la Iglesia expresa la fecundidad conjunta de Cristo Esposo y de la Iglesia Esposa”, subraya la profunda relación de gracia que existe entre estos dos sacramentos. El Cardenal Ouellet escribe:

El matrimonio y el sacerdocio se encuentran en la objetividad de la vida sacramental como las dos dimensiones – la horizontal y la vertical, respectivamente – de la alianza. El sacerdote actúa como ministro del don vertical que desciende de Dios para fecundar la alianza de los esposos con el amor de Cristo por la Iglesia. Gracias al ministerio eucarístico del sacerdote, los esposos pueden ofrecerse al Padre en y con Cristo, que los reúne y los envuelve en su amor esponsal por la Iglesia. El sacerdote representa tanto personal como sacramentalmente el don del Esposo, mientras que la virginidad consagrada y el matrimonio indisoluble encarnan la respuesta de la Iglesia-Esposa a este don. De este modo, gracias al ministerio sacerdotal, el matrimonio y la virginidad se sostienen y se confirman mutuamente como los dos caminos de santidad que son. En ambos casos, la entrega y ofrenda totales de cuerpo y alma en respuesta al amor de Cristo Esposo crean un auténtico ‘estado de vida’ eclesial fundado en un vínculo sobrenatural definitivo.

Además, el matrimonio y el sacerdocio ministerial se corresponden en la comunicación sacramental objetiva de la vida trinitaria. El sacramento del matrimonio expresa la fecundidad reciproca de las Personas divinas, presentes en la pareja creada a imagen y semejanza de Dios, mientras que el sacramento del orden sacerdotal expresa de manera particular el don del Padre en Cristo, que es el origen de todo el misterio de la comunión, tanto en el orden natural como en el de la gracia… Al representar a Cristo, Cabeza y Esposo, el ministerio episcopal y presbiteral proporciona el alimento de la Palabra y el Pan de vida que, en última instancia, desciende del Padre.

Cristo también ha proporcionado una ayuda específica para el amor humano, afectado y herido por el pecado y sus consecuencias: la concupiscencia, el egoísmo y la división. A través de la absolución, Cristo extiende a los esposos la gracia del arrepentimiento y la reconciliación, renovando así tanto la gracia de su bautismo como su manifestación en la vida conyugal.” (M. Ouellet, Mystery and sacrament of Love: a theology of marriage and the family for the new evangelization, 2015, pg. 171-172)

Para terminar, que hermosa liturgia celebraríamos si participáramos en nuestras reuniones de Equipo: sacerdote o acompañante espiritual y matrimonios, con una conciencia más atenta a la abundancia de la gracia sacramental que, como dice el Cardenal Ouellet, en la comunión de la vida trinitaria se comunican el matrimonio y el sacerdote. Por favor, no olvidemos de pedir por las vocaciones sacerdotales y para el matrimonio.